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HAYA, PUES, EN VOSOTROS ESTE SENTIR
(Let This Mind Be In You)
Por Mae Shurow
Traducido por Karen Villarreal
En los últimos días he estado escuchando una y otra vez en mi espíritu, “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en el Cristo Jesús” (Filip 2:6). Un querido hermano una vez dijo que la fe es la mente de Cristo, y yo pienso que es cierto. Pero siempre existen mayores profundidades de significado, y así lo es en este caso. Pablo habla de doble gracia para la obediencia a la fe en el libro de los Romanos. Y Filipenses 2:5-8 dice, “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en el Cristo Jesús; 6que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios; 7sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”
Si el sentir que había en Cristo debe estar en nosotros, debemos humillarnos a nosotros mismos y ser obedientes; obedientes aun hasta la muerte – la muerte de la cruz. No mi voluntad, Padre, sino la tuya. Cristo sufrió la muerte en la cruz por nosotros, para que podamos ser devueltos a Dios. Pero debemos convertirnos en participantes de Su muerte, entierro, y resurrección – nuestra carne debe morir y luego debemos vivir de nuevo en El. Debemos sufrir con El si nuestra carne ha de morir.
· Romanos 6:4-6 Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como el Cristo resucitó de los muertos a gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, también lo seremos a la de su resurrección; 6convencidos que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado.
· Filip. 1:29 Porque a vosotros es concedido por el Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él;
1 Pedro 3:18 dice, “Porque también el Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu:” Luego, continuando en 1 Pedro 4:1-2, se nos dice que como Cristo sufrió en la carne, de igual manera nosotros debemos equiparnos con el mismo sentir que Él tuvo, porque la persona que sufre en la carne cesa del pecado – y ya no vive en la lujuria carnal de los hombres sino acorde a la voluntad de Dios.
Hebreos 12 nos dice que dejemos de lado todo peso y el pecado que tan fácilmente nos asedia, corriendo con paciencia la carrera que tenemos por delante. ¿Cómo podemos hacer esto? Mirando (aquí aparece de nuevo el principio de “convertirse en lo que contemplas”) a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Jesús soporto la cruz por el gozo que estaba puesto delante de Él. Así, también, nosotros debemos mirar hacia el gozoso resultado – el morir de la lujuria de nuestra carne para que nosotros también podamos ser levantados a una nueva vida. Debemos esforzarnos contra el pecado en nosotros hasta que se desangre – hasta la muerte. La “carrera” de la que Pablo habla, este “pelear la buena batalla de la fe,” es simplemente ser obedientes al sufrimiento de la cruz. “La carne debe morir.” Solo después de la muerte de la carne, el apacible fruto de rectitud será hallado en nosotros.
Unos años atrás, el Señor comenzó a enseñarme acerca del propósito del sufrimiento en nuestras vidas. Lo siguiente es de algo que escribí en aquel tiempo y que llamé “Suffering According to the Will of God” (Sufrimiento Conforme a la Voluntad de Dios)
“El sufrimiento, y las pruebas y las aflicciones son para perfeccionarnos, completarnos, hacernos un todo nuevamente, para redimirnos de nuestra rebelión. El Señor dijo que las profundidades del sufrimiento precisaban redimir a la humanidad, limpiarnos y purificarnos, hacer que estemos completos de nuevo y en paz con Dios. Era tan grande que nos hubiera destruido absolutamente. JESUS SE HIZO CARGO EL MISMO.
Isaías 53:4-5 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros.
“El soporto nuestro sufrimiento para hacer posible nuestra paz con Dios, y nosotros somos participantes del sufrimiento que EL soporto POR NUESTRAS CAUSAS. Es por eso que nosotros debemos sufrir con El. ¡El sufrimiento que nosotros experimentamos es meramente una degustación de lo que fue necesario hacer para restaurarnos!
· Filip. 3:10 Conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte;
· 1 Pedro 2:21 Porque para esto sois llamados; pues que también el Cristo fue afligido por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas:
· Col. 1:24 Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones del Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia:
· Romanos 8:17-18 Y si hijos, también herederos; ciertamente de Dios, y coherederos con el Cristo; si empero padecemos juntamente con él , para que juntamente con él seamos glorificados. 18Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.
· 2 Tim. 2:11-12 Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él; 12si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará…
·
2 Cor.
4:11, 16-17
Porque
nosotros que vivimos, siempre somos entregados a muerte por Jesús, para que
también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.
16Por
tanto, no faltamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando,
el interior sin embargo se renueva de día en día. 17Porque
lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra en
sobremanera un alto y eterno peso de gloria.
[Vea también 2
Cor. 6:4-10]. [Fin de cita].
En aquel entonces, era muy intenso para mi y yo tan solo podía estar de pie para ver tanto de ello – de hecho le tuve que pedir al Señor que parara porque yo no podía soportarlo. Aun lloro cuando pienso en ello, pero ahora veo que así como Jesús se hizo obediente hasta a muerte de su propia carne, nosotros debemos permitir que “Haya, pues, este sentir en nosotros, que hubo también en el Cristo Jesús” (Filip 2:6). Nosotros todos amamos a nuestros demonios personales, y es sólo mediante la fe en nuestro amoroso Creador que podremos humillarnos a nosotros mismos ante Él y someternos a esta muerte para que podamos ser levantados a una nueva vida. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano que cae en la tierra, no muriere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva” (Juan 12:24).
Mientras que el sufrimiento de la Cruz es ciertamente doloroso, debemos resistir
la tentación de crecer en amargura contra aquellos que parecen hacernos sufrir y
permitir que Dios trabaje la muerte de la Cruz en nosotros. El anhelo de tomar
una ruta mas corta cuando lidiamos con nuestros problemas en nuestra propia
fuerza es una tentación mas ¡oh, tan común en el hombre! O queremos correr de la
Cruz – volvernos atrás – al doblegarnos a las comodidades carnales,
consecuentemente derrotando el mero propósito de la Cruz. La obra de la Cruz es
llevar a la muerte nuestro deseo por estas mismas comodidades carnales, y el
Señor no tiene contentamiento en aquellos que se vuelven atrás. (Hebreos
10:38). Todas las cosas carnales en las que tontamente buscaremos solaz y
satisfacción nunca serán capaces de traernos contentamiento. Es nuestro deber
entrar al lugar en el que todos nuestros deseos se convierten en un deseo
por el Señor solamente, pues verdadero bienestar lo podemos hallar solo en Él.
Debemos resistir determinadamente todas estas tentaciones y en lugar de ellas
permitir que la Cruz de Cristo cumpla su perfecta obra en nosotros.
Como Cristo se humillo a si mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, así también nosotros. Jesús se hizo carne y sangre “para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). Sólo cuando la naturaleza carnal que mora en nuestro propio ser es crucificada, el poder de la muerte eterna que el diablo tiene sobre nosotros podrá ser quebrantando, la naturaleza carnal que mora en nosotros debe ser llevada hasta la muerte si la vida de Jesús será alguna vez manifestada en nosotros. (2 Cor. 4:11).
¿Crees tu que las Escrituras dicen en vano que el espíritu que mora en nosotros esta lleno de lujuria, celos, y malicia (Santiago 4:5)? Oh! Mis queridos hermanos y hermanas, ¡no se cansen de los castigos del Señor! Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en el Cristo Jesús. Humíllense a si mismos a la muerte de la Cruz. Humíllense ante la poderosa mano de Dios; sométanse a s mismos ante Él y vallan osadamente al trono de la gracia por ayuda en el tiempo de necesidad, resistiendo las tentaciones que el enemigo pone delante de ustedes (Santiago 4:6-7, Hebreos 4:16, 1 Pedro 5: 6-9)… Y el Señor, que permanece siempre fiel, dará gracia y fuerzas para la obediencia.
Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesús, el
Cristo, después que hubiereis padecido un poco de tiempo, él mismo os
perfeccione, confirme, corrobore y establezca. A él sea gloria e imperio para
siempre. Amén
1
Pedro 5:10-11
*All emphasis mine.
Written October, 2007
Copyright ©2007 by Mae Shurow
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